Sigo pensando que estas gentes tienen una mentalidad cortijera de la política: Esto es mío y sus vais a enterar, gañanes. Lo que procede es hacerles ver que es al revés: Esto es nuestro y como lo administréis mal os vais a enterar, baldragas.
Al menos les haríamos entender que no están ahí para forrarse, sino para defender los intereses de los votantes y no los de unos lobbys que, además, les sobornan. El caso Zalba es un ejemplo. Una persona decente, cuando le ofrecen dinero, les saca a hostias del despacho y ni se molesta en mirar lo que le proponen y, mucho menos, defenderlo y hacerse luego el encontradizo en el bar: "lo suyo va bien".
Lo de la mujer del César de toda la vida.
Son capaces de dialogar y negociar con una banda terrorista y después ampararse en el miedo para no declarar. ¡Oiga, que el riesgo va en el sueldo, que a los demás nos ponen una bomba al paso y no cobramos!. Si yo fuera la menestra de interior le iba a dar, pero bien, al catedrático José Manuel Gómez Benítez, que se negó a contestar al fiscal quién había negociado en nombre de ETA, porque durante la reunión a la que asistí uno de los etarras me dijo: 'Vuestras armas son la prisión y la tortura; las nuestras, las pistolas. Y me dijo que a mí me pasaría lo mismo que a él le pasara".
No es ampararse en la impertinencia, sino en la cobardía.


