martes, 23 de marzo de 2010

Día del padre

¿A que la curiosidad les corroe? Estoy segura de que se mueren de ganas por saber si celebramos el día del padre, que muy progre y mucho despotricar, pero caemos en las garras consumistas en cuanto podemos. Pues sí, hala, tienen razón. ¿Y ahora, qué?. Pues eso.
Le regalé ese disco maravilloso: "Hijo de la luz y de la sombra", que acaba de publicar Serrat sobre poemas de Miguel Hernández, y que a mí tanto me gusta. Se lo recomiendo de corazón, y es lo que le dije a él cuando puso cara de haber visto una corbata, pero no por el CD, no crean, sino por el regalo en sí. La falta de costumbre.
El niño y su partner nos invitaron al teatro Gayarre. ¡Sorpresa! y nos llevaron a ver "Glengarry Glen Ross", de David Mamet. No teman, no voy a hacer crítica teatral, no voy a demostrar mis dotes demoledoras, sabré contenerme (grito contra el cojín) y portarme como una espectadora (vuelvo a gritar) normal. Al fin y al cabo salimos del teatro con la indignación sin esperanza puesta. Indignación contra un sistema inhumano y desesperanzada porque no hay mucho que hacer, como no sea tirarte en marcha, lo que no quiere decir que me resigne. Antes muda.
Desde luego, reina, dijo el de la regulación al verme en ropita interior, parecía más el día de la madre, que el del padre. Todo a tu gusto.
¿Y esto qué?, le dije agitando el caderamen, ¿para quién es?, para papá, pa-pá. Te voy a demostrar lo que provoca el guo ba de gambas de los chinos de abajo, y le canté lo de "happy bithday Mr. President" a ritmo de cha cha chá, que ya quisieran la Lomana y la Esteban. ¡Qué sabrán esas!.
Después del cigarrito que no fumamos, porque ya lo dejamos, le pregunté por la próxima semana santa: ¿Qué has pensado mi amor, a dónde me vas a llevar?.
- Había pensado vestirme de mozorro y subirte en un carrito arrastrado por la bicicleta para pasearte como si fueras una imagen doliente y ver si nos echaban unas monedas para el plan de pensiones, que al ritmo que vamos viviremos de las chipi chapas.
Reconozco que me pareció una idea brillante y emprendedora, digna de una mente inquieta como la suya y me puse a ensayar el entrelazado de manos y la mirada al techo.
Seré sincera, sin que sirva de precedente. Esto es marketing viral y lo que espero conseguir es que el boca a boca transmita que esta P va a hacer su aparición estelar próximamente por esas calles de la ciudad, en espera de su generosidad. Si traen papel y boli les firmaré talones sin fondos.
Afectuosamente esperanzada.
P

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