
Me he quedado estupefacta ante las afirmaciones del portavoz del PP, Esteban González Pons: Pons llama a los españoles a sublevarse como los egipcios. No daba crédito y he seguido leyendo como una posesa con la vana esperanza de encontrar la frase que dijera: y a continuación se inmoló pegándose fuego como un churrasco de ternera. Pero no. No lo había hecho. Afortunadamente, cabe añadir. A ver si alguien va a interpretar que estoy incitando al suicidio, y no, juro que no. Lo que ocurre es que las revoluciones de Túnez, Egipto, Argelia, Marruecos, están surgiendo no porque las provoque un político con sus soflamas incendiarias, ¡glups!, sino porque ciudadanos hartos de penuria, paro, hambre y falta de futuro se han quemado a lo bonzo. No quiero pensar tampoco que el portavoz este nos esté invitando a los españoles a que nos peguemos fuego por las calles. Supongo que lo que le gustaría es una insurrección ciudadana para echar al gobierno y ponerse él, ellos, en el poder. Lo considero insultante, pero mire, puede aprovechar la ocasión de la próxima concelebración religiosa en la plaza de Colón para intentarlo. Pagaría por ver a las "familias" acampadas y peinando los encantadores rizos de las cabelleras de tanta tierna criatura como Dios quiso condederles. De hecho, sentadita en mi trolley, en la siesta, he tenido un sueño estremecedor: Una enorme pirámide Maya había surgido en el centro de la plaza, tapando la vista de las exclusivas boutiques de Serrano, y en lo alto, con Rajoy con los ojos en blanco, Pons, convertido en una bola de fuego, arengaba a las masas, que entregaban a sus tiernos retoños a las manos de la Cospedal, la Soraya, la Botella y la Esperanza para que los ascendieran por las escaleras hasta la cima donde, en un altar, Rouco Varela los ofrecía en sacrificio en el nombre de Aznar.

Cualquier cosa, cualquiera, antes que darles un chavo a los que tiran la piedra y esconden la mano. Si tanto afán de liderazgo tienen, ya lo dije, que cojan la bandera y den ejemplo, a ver si les seguimos.
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