¿Y bien, dónde estamos? Con los vecindarios en pie de guerra, reclamando presencia policial para echarlas de la puerta de su casa. Naturalmente que no es agradable tenerlas delante de tus narices, pero tampoco en el piso de al lado, ni en la casa de enfrente.
¿Saben lo que es tremendamente escandaloso?, lo que publica hoy la prensa: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/traficantes/mujeres/peligroso/Europa/fuga/carcel/holandesa/elpepusoc/20090918elpepusoc_3/Tes

La Interpol está buscando a Saban Baran, de 38 años, un traficante de personas de nacionalidad turca y alemana, que huyó de Holanda el pasado fin de semana tras obtener un permiso para visitar a su esposa e hijo recién nacido. Considerado uno de los delincuentes más poderosos y peligrosos de su clase en Europa, cumplía una condena de 7,5 años de cárcel por forzar a centenares de mujeres a prostituirse. A pesar de sus antecedentes, y de una fuga anterior a su entrada en prisión, los jueces le dejaron salir contra el parecer de la fiscalía. Los agentes temen ahora que viaje a Turquía, donde estaría seguro. La Haya y Ankara no poseen tratado de extradición.
Estas son las cosas que dan vergüenza. ¿Qué van a hacer ahora las desgraciadas que declararon en su contra, dónde se van a meter?
Lo dije y lo repito: la prostitución callejera la realizan cuatro desgraciadas que no tienen papeles ni donde caerse muertas de asco. Han cruzado media África y han sufrido, seguramente, más de lo que cualquiera de nosotros podría aguantar. ¿Qué les ofrecemos? Es corriente escuchar aquello de "que no hubieran venido, nadie las llamó", como si huir del hambre y la miseria fuera cuestión de preguntar a ver si a uno lo quieren los potentados, nosotros, que ofrecemos esa imagen de nuevos ricos consumistas a troche y moche. Si uno no tiene nada, va donde hay algo, y cuando no le queda más remedio que prostituir su cuerpo, para sobrevivir, se encuentra con que le recriminan que se anuncie para ejercer el oficio más denigrado y denigrante del mundo, o que lo haga en la puta calle porque no tiene otro sitio.
Nadie está libre de pecado como para poder tirar la primera piedra, nadie. No sólo porque lo diga el Nuevo Testamento. Todos nos prostituimos, porque todos nos vendemos, día a día, y no sólamente por sexo. Invito a leer el capítulo "El hombre no sólo vende mercancías, también a sí mismo" de "La vida auténtica" de Erich Fromm. Al menos podemos reflexionar desde nuestro mullido confort burgués y no ser tan inclementes.
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